«Niños y mascotas»

Desde que era muy, muy niña me encantaron los animales. Recuerdo la primera vez, con cuatro años, que estaba empecinada en traerme un gato para casa. Había uno atigrado rondando por nuestra casa, y un día lo cogí y lo metí en casa. Aún recuerdo la cara de susto que puso mi madre cuando lo vio por la casa adelante, jajajaja.

Me crié con mascotas: conejos, conejillos de india, ratas, hamsters y perros. Y es una experiencia bonita! Te enseña a ser más responsable y ver la vida de otra manera. Así que, en mi casa tenemos dos perretes, una chica y un chico que llenan de alegría los juegos del Nano.

Cuando nos mudamos aquí, estábamos el Papi y yo solos. Recuerdo un día que me interrumpió una clase una ex alumna (y sobrina de la dueña de la academia). Tenía los ojos llorosos y estaba desesperada. Había encontrado hacía unas semanas un cachorrito metido en una bolsa tirada en la cuneta. Me contó que durante días se pasaba por ahí a darle de beber y de comer. La perrita estaba ya fuera de la bolsa pero no se movía del sitio, como esperando a que quienes la habían abandonado la fuesen a buscar. La niña, mientras, seguía insistiendo en casa para recogerla… y por fin, su padre le dio el visto bueno. Tenían tres perros más, y el más viejo, atacaba a la perrita. Así que los padres le dijeron que le buscara otro hogar. Le dieron un plazo, y si se agotaba ese plazo, a la perrera.

La perrera de aquí suele estar saturadísima, y lo que hacen con algunos perros que les llegan es meterle esa terrible inyección. … y a la niña se le acabó el plazo. De camino a la perrera, la niña le insistió al padre que parase en la academia. Y así dio conmigo.


Cuando vi por primera vez a ese cachorrito asustada, y el gesto que me hizo de echarse a mis pies, sabía que no me iba a separar de ella. Y la adopté. Es un cruce de Beagle con Podenco portugués, un cruce muy habitual para conseguir perros de caza. A día de hoy aún siente pánico a los fuegos (disparos, petardos y los fuegos de las fiestas), a las vallas. El terror a los sitios oscuros ya lo supero. Recuerdo un día, paseándola por la ciudad, se me acercó un señor que denotaba cierto alto status social, y me dijo «buen ejemplar de caza!» Me reí y le contesté, que muy buena no será porque le tiene miedo a los ruidos. «Lástima!» me contestó.

Imagino que a esta perrita la abandonaron porque no servía para ese propósito. ¡Y menos mal que no le ocurrió algo peor!

Es tozuda y por ser medio Beagle, ladra por todo. Jajajaja

Cuando nació el Nano, lo aceptó muy bien y me lo cuidaba. Estaba siempre pendiente de él. Desde que el Nano empezó a caminar y a hacer de las suyas, mantiene distancias con él (es que es muuuuy bruto el peque), pero juega con él, o le obedece.

«… y no llegó con uno que viene otro!»

Va hacer 2 años que adopté al segundo. Otra alumna mía se había hecho cargo de este perro, porque veía como un conocido de un amigo de ella lo trataba: lo tenía todo el día encerrado en casa, no lo sacaba nunca, y claro, el perro hacía sus necesidades en casa. Resultado: este chico se dedicaba a pegarle. Además quería hacerlo agresivo. Así que esta chica, cuando vio el percal, no se lo pensó dos veces y se lo llevó. Claro, que en casa no se lo dejaron tener, y ya os podéis imaginar el final: no pude decir que no, además, mi perra se encariño con él! Jajajaja


Al Papi casi le da un infarto, pero a día de hoy, lo adora. Es un perro muy, muy dulce y cariñoso. Además, es un guardián de lujo! La primera vez (y última)  que el Nano consiguió abrir la puerta de la entrada, el perro empezó a ladrar. A mi me extrañó, porque así como la perra ladra por todo, éste es muy callado. Notaba que el ladrido tenía eco, … y ahí los veo. En el pasillo, el Nano delante del ascensor y el perro ladrando y empujándolo hacia atrás. Si el Nano llora porque se hizo daño, o se despierta llorando, el primero que va a verlo es el perro.

«Son mis cachorritos!»

El Nano no sabe vivir sin ellos. Los incluye en todos sus proyectos, les da de comer, quiere pasearlos, juega un montón con ellos y los llena de besos.

Tiene claro que son sus perros. Me sonríe, los señala y me dice «‘Paipé‘(Piper)  y ‘Lolón‘(Gordon) son mis cachorritos!».

En cama dormimos todos juntos, y desde que adosamos la nueva cama del Nano a la nuestra, los dos duermen cerca de él, como guardianes.

Las mañanas de los fines de semana los despertares del Nano son preciosos. Siempre es el primero en despertarse, y lo que dice es «Buenos días Mamá, buenos días Papá, buenos días «Paipé», buenos días «Lolón»! » y nos llena a besos.

Si un perro está medio pachucho, se preocupa por ellos y quiere cuidarles o darles la medicina. También les regaña si ladran, o me los mete en la cocina cuando nos vamos a algún sitio. Y le obedecen! Gordon es el que más juega con él, y siempre le roba algún juguete para quele haga caso. Y


Hay gente que me decían que nos deshiciéramos de ellos, y otros que nos dicen que es una manera muy sana de educar al Nano. Y la verdad que sí. Se está llevando un máster en responsabilidad y respeto. Aunque digo la verdad, cuando vamos paseando por la ciudad y ve otros perros, tengo que ir corriendo tras él, porque los quiere achuchar como a los nuestros. Y claro, si son perritos pequeños, temo por ellos porque le puede hacer daño (bruto, brutón). Y con los pedazos de perracos tipo gran mastín, de estos que parecen más caballos que perros, pues claro, no sé como pueden reaccionar.

No me arrepiento de tener dos perros en casa. A mi me dan mucha compañía (por las mañanas las paso ahora sola). Piper, desde que está Gordon, rejuveneció mucho y me sorprende como duermen juntitos sin gruñirse. La verdad, muchas veces digo que mi casa es «Mimosolandia», porque lo que más se respira es amor, cariño y mimos. 🙂


¿y vosotr@s? ¿tenéis también mascotas en casa? ¿qué tal con vuestr@s peques?