… y seguimos!

Sí, seguimos con tos, mocos, con conjuntivitis que el bueno del Nano se ocupó de «pegármela», con la laringitis (que también me la pasó), con la Estilsona que no hace efecto para nada… .

Desde que me lo mandaron para casa el jueves, mejoró algo: la conjuntivitis se le pasó… pero me la pegó a mi (ayyyy, ayyyy!), pero la tos sigue ahí. No le alivió los nebulizadores que le pusieron tanto en urgencias como luego en pediatría, ni las gotas Estilsona (que no me gusta nada). Es como si no se le diera nada, tose igual o más que antes. Lo único que le alivió fue el Apiretal (se quejaba de dolor de garganta, además tenía fiebre).

Así que estamos pensando en ir a un Naturópata que nos recomendaron. Al menos no le dará corticoides, que eso a mi… no me gusta nada, nada de nada.

Como dicho: lleva ya un mes con esta tos seca (o nerviosa, como lo calificó la pediatra en la primera consulta). Nada le alivia, y parece que va a peor cuando tiene que ir al cole. Nos está dando la espina que debe de ser algo más bien psicosomático, un reflejo de algún malestar que siente.

Sé que no es porque ya no está en casa todo el día, que se separa de mi. Lo sé, porque el año pasado fue a la guardería durante un trimestre, y no tuvo problemas de adaptación o separación. Con el comienzo del cole, también, en la fase de adaptación no tuvo absolutamente ningún problema. La tos surgió con el comienzo real de las clases, y de los primeros golpes.

Como conté en el anterior post, había golpes que me explicaba tranquilamente que había sido el mismo que se hizo daño en el patio, pero había otros (que tenían una pinta bastante fea), se agitaba mucho, me empujaba y me decía que no le tocara. Que estaba bien. Por supuesto que sabía que algo serio tuvo que pasar. Pero él no me daba los nombres, o se callaba y se negaba decirme como se lo había hecho.

En el cole, la profe no para de decirme que es un niño que tiene momentos de mucha desobediencia (incluso le dice «no me da la gana»), y que pega a los demás niños. Que por ese motivo lo castiga contra la pared delante de toda la clase. Claro está que ante una actitud así, pegar a otros niños, es necesario un castigo. No veo para nada bien que se dedique a pegar a otros niños. El caso es que me extraña mucho esta actitud violenta de mi hijo («momentos puntuales«, me dice la profe, ya que me asegura que es un niño tranquilo en general y que se porta bien. Solo que tiene esas «explosiones»).

Tengo visto a mi hijo jugar en el parque, y ver como otros niños se meten con él. Veo que aguanta (o parece que cuenta hasta 10 antes de explotar), pero si esos niños se pasan de la raya, se defiende él solito. Quiero decir, no pega «por pegar», pega por defenderse. Tengo visto hacerle llorar a un niño de 6 años, después de que el Nano , tras aguantar un buen rato los empujones y gritos del otro niño, le plantó un sopapo a mano abierta en toda la cara.

Así que esa afirmación de la profe que se dedica a pegar a los otros niños «porque sí», me parecía bastante raro.

Al parecer, ya se había pegado el primer día de clase, y fue como el Nano se convirtió en el niño malo de clase. La profe le vio empujar a otro niño, y ahí le quedó ya la fama, sin saber qué ocurrió realmente. Pregunté al Nano, y me contó que los otros niños le quitaban todos los juguetes o que simplemente no querían jugar con él. Y que entonces se fue al pianito que tienen también ahí. El Pianito es su manera de sentirse bien, porque le recuerda su casa. Lo que pasó es que vino otro niño y lo quería echar a empujones del pianito. Así que, el Nano se cabreó y lo empujó (según sus propias palabras: no le pegué. Lo empujé y se cayó, pero no tiene pupa! Esta bien!). Esto me cuadra más con esos arranques de Hulk en miniatura.

Os conté que tenía un amiguito que se llama como él en «Hogar, dulce hogar!«. Y también comenté en el post anterior que había otro niño que pretendía separarlos. Pues como estos días el Nano tuvo que quedarse en casa, algo pasó.

Hoy de camino al cole, el Nano vio a su amiguito y fue corriendo hacia él. Iban cogiditos de la mano y todo fue bien hasta que nos encontramos con el niño que muerde a mi hijo. Ahí, el amiguito del Nano le soltó la mano, se fue corriendo hacia el otro niño y le cogió la mano. Mi hijo fue corriendo hacia ellos y pretendía volver a cogerle la mano. Su amiguito le soltó rápidamente la mano, lo empujó y le dio la espalda. Tanto el abuelo del amiguito como el padre del otro niño hicieron caso omiso, y mi hijo repetía una y otra vez «Por qué?» con una cara compungida a punto de llorar. Lo cogí y lo calmé y seguimos como si nada hasta el cole. Entró tranquilamente después de darme un beso, y se fue a su perchero a colgar su mochila. Ahí estaba el otro niño que pretendía cogerle la mochila que ya tenía colgada en su percha y tirársela al suelo. Veía la cara de desconcertado de mi hijo, y tranquilamente la volvía a colgar en su sitio diciéndole que era «su sitio» (y lo era, que llevan sus fotos y nombres). El otro niño se ponía cada vez más bruto, volvía a cogerle la mochila para tirársela nuevamente, y el Nano ya se empezaba a poner más bravo. El otro entonces empezó a empujarle de manera violenta, y mi hijo le respondió con otro empujón, zanjando la historia colgando su mochila y poniéndose su baby tranquilamente mientras buscaba su sitio para sentarse.

En ese instante le comenté lo que está ocurriendo últimamente con mi hijo: lo de los golpes, mordiscos y este tipo de humillaciones. La contestación de la profe me dejó absolutamente perpleja. En otras palabras me dijo que mi hijo se lo tiene merecido por pegar a los demás niños y ser tan desobediente, contradiciéndose con que en general se porta muy bien.

En fin, no sé si todo esto llegará un momento a su fin. Que sea una etapa bastante cruel pero que no vaya a más. Eso es lo que deseo con todo mi corazón, ya que esta situación me está rompiendo el alma de manera brutal. Estoy sufriendo al ver todas estas escenas de primera mano, conozco a mi hijo y sé que no es un niño de pegar porque sí. Le encanta jugar con otros niños, es muy sociable. Pero tampoco le gusta que se pasen con él. En cierto modo, me tranquiliza que es un niño que se sepa defender por si solo en momentos críticos y que no vaya a más. Pero me preocupa inmensamente que sus compañeros le estén haciendo poco a poco el vacío sin más. ¿el motivo? me gustaría saberlo. Así que pediré una tutoría con la profe o una cita con el director del centro. Y si no, nos volvemos para nuestra ciudad. Lo que no estoy dispuesta es quedarme de brazos cruzados a que se permita esta situación tan innecesaria y cruel, pretendiendo por más que el Nano deje de defenderse. La vida es dura, muy dura. Mamá y Papá no vamos a estar siempre a su lado.

Triste, triste…