«Mientras Mami está dando clases»

Ya sabéis que, a parte de trabajar para 2 escuelas municipales de música y ocasionalmente para la administración pública, doy clases particulares en mi casa.

Como bien os podéis imaginar, cuando trabajo en casa está el Nano conmigo. Es decir, no lo mando a una ludoteca u otra cosa similar.

Hasta hace poco, me venía una antigua alumna mía a casa para que se ocupara de él mientras yo estaba dando las clases en mi habitación de música. Pero la chica empezó a trabajar por las tardes y ya no pudo venir más.

Como el Nano era ya mayorcito (dentro de lo que cabe), lo dejaba en el salón con todos sus juguetes y  los dos perros (mi mejor alarma, jeje), le ponía Clan o alguna peli, y daba las clases. Claro que de vez en cuando iba a echar un vistazo por si todo seguía bien.

He de decir que algunas veces me la líaba bien, como saquearme la nevera, pintar a los perros con rotuladores, tirar con todo por el suelo, embadurnar la pantalla de la tele… . Parecía el escenario del apocalípsis 😥

«Participando a su manera»

Ya lleva un tiempo que, a veces, se me cuela en clase. Dependiendo del alumno, se porta de una manera u otra. Si se trata de un chico, se queda durante poco tiempo callado escuchando la lección y se va. Pero si es una chica… la hemos liado! Se sienta a su mesita, se pone a dibujar y repite algunas correcciones que le indico a la alumna. Y no podemos evitar de reírnos a carcajada limpia.

¿Sabéis lo que es escuchar a un enano de 3 años diciendo: «síiii, hooombeeee! Así no eeees! Ese ompas (compás) no es asíiii! ¿Lo ves?«. Levantarse, acercarse al piano, dar unas notas y decirle «¿lo ves? Así!«. Y vuelve tan pancho a su sitio siguiendo con sus dibujos como si nada. O como el otro día, que nos dejó boquiabiertas a las dos: hará como dos meses le había explicado a una alumna el Círculo de las quintas y su funcionamiento, y como lo había entendido, pasamos a otra cosa desde entonces. Pues os podéis creer que se acordaba de todo perfectamente? La semana pasada se le puso a explicar, a su manera, lo del Círculo! Lo mismo como completar una escala a partir de otra nota que no fuera Do! Fue realmente cómico, porque a la alumna no le daba salido, y él, ni corto ni perezoso, la recito perfectamente.  Quedé muy, muy impresionada!

«Me se ha namorao el burro!»

Y si la alumna resulta ser guapa, da igual la edad, el Nano se convierte en todo un Don Juan a lo Shin Chan. Se pega a ellas, les sonríe y les pone ojitos. Cuando llegan quiere ser él el primero en recibirlas, y si se van… monta unos dramones tremendos, que luego anda vagando por la casa adelante como alma en pena. Eso sí, se le pasa rápido. 😛

Desde diciembre, me vienen unas hermanas a casa para reforzar algunas materias del Conservatorio. Las dos son unos cielos tremendos. La pequeña, de unos 11 años (más o menos), es la típica «muñequita de porcelana»: rubia, con unos ojazos azules tremendos y un carácter y gustos muy similares a los del Nano. Me río un montón con ella. Pues ya os podéis imaginar lo que está pasando: que me parece que el Nano «s’ha namorao»(o algo parecido) de alguna manera!

¿por qué lo digo? Pues el primer día que la conoció, se vino a la habitación de música y se puso a dibujar (según él, a trabajar). Dimos la clase tranquilamente, el Nano, de vez en cuando ponía gestos «interesantes», serio, como si siguiera también la lección. Al terminar la clase, se le acerca, le da el dibujo que estaba pintando y le dice «Es para ti!»

Bieeen! Es la primerísima vez que dibuja algo expresamente para alguien! Ni a mi me regaló nunca un dibujo!! Para matarlo! Jajajaja

Luego, se comporta como un niño mayor. De estar tranquilo, no chillar ni saltar, hablar con tono bajo y serio… toooodo lo contrario de como es en realidad. Que, vamos,  yo me parto, jajaja

Este Martes pasado, mientras estaba con la hermana mayor al piano, el Nano estaba hablando con ella (sí! Dialogando! Alucinad!!). Y de pronto se levanta, le coge de la mano y le dice «quiero ir a la cama contigo!» o_O  o_O

Estaba empecinado en echarse la siesta con ella! «Porque me gusta!!» (llamadle tonto al pequeñajo! Muy espabilado me salió este! Jajaja). Total, que al final se fueron los dos al salón a ver Peppa Pig.

«El decálogo del Nano de como ‘amenizar’ las clases de música»

Aún recuerdo aquella vez que estaba con una alumna trabajando intensamente (tenía examen de recuperación). Y de pronto se abre la puerta de golpe. Ahí estaba el Nano, desnudo de cintura para abajo exclamando «¡Soooor – preeeesaaaaa!«. O lo de marcarse un streep tease en toda regla a nuestras espaldas, y al darnos la vuelta verlo en pelota picada. O también, enseñar el culete, menearlo a grito de «culito, culiiitoooo!»

En serio, cada vez se me parece más a Shin Chan, y eso que no ve estos dibujos! ¿de dónde demonios sacará todas estas cosas?

En fin! Que tengo suerte de que mis alumnos tienen sentido del humor, y no se disgustan con las escenitas del Nano. Trato que el ambiente sea cercano, familiar para que las clases funcionen (y doy fe de que sí funciona!).

 

«El sábado pasado, un alumno mío le trajo un regalito. Para que veáis que lo adoran! 🙂 «

Me tiene pasado que me vino alguna madre estirada (en todo este tiempo 2) para que les diera clases a sus hijos. Al ver que soy Madre torcían la nariz y me ponían la condición de que durante las clases lo metiera en una ludoteca (y eso que me venía la chica a cuidar de él!). Incluso me querían exigir de dar clases en festivos y que el Nano tampoco estuviera en casa! Sí, hombre! Los días que podemos estar todos juntos en casa!

Lo más gracioso era que no querían que les pasara partituras a los hijos, ni que comprasen una libretita de papel pautado (que en los chinos sale a 60 céntimos), no les diera teoría, o que tocaran algo decente. Flipante! A mi, este tipo de gente, me da repelús. Y la verdad, prefiero perder alumnos con madres así, a tener que aguantar un infierno de clases.  (Al final, tras ver el panorama que tendría que aguantar, les dije que tenía el horario completo).

Ya veis que odisea paso en casa dando clases! Jajaja

Y para despedirme, os dejo un vídeo con el Nano tocando sobre Playback… con su capa de Superhéroe! 😉

Mil besotes y disfrutad del Finde !

 

 

 

«Yo no soy Martha Argerich»

… vale, y ¿quién es Martha Argerich? Pues es una pianista argentina, considerada un peso, pesado, pesadísimo de la música clásica. Para mí, se trata de una grande del Piano, la admiro enormemente.

Estos días me viene en mente el documental que realizó su hija Stéphanie sobre su madre pianista,  descubriéndonos su faceta más «humana» y expuesta como madre y abuela. Es un documental tierno y a la vez muy crudo, ya que  trata también sobre la maternidad de esta brillante pianista. Tiene 3 hijas, una de cada padre distinto. Los servicios sociales le arrebataron la custodia de su hija mayor por su incapacidad de atenderla ni ella ni, de aquella,  su marido (un afamado violinista), y esa niña terminó en un orfelinato hasta cumplir los 8 años. Duro, duro.

«Martha Argerich y sus tres hijas»

 

Stéphanie es la menor de las tres, y sigue luchando para que su padre (también un reconocido pianista clásico), la reconozca legalmente. Llevan una relación cordial, pero lo de iniciar el trámite para reconocerla, este señor pianista no lo tiene tan claro, alegándole de que «no es importante«.  Y así sale también en el documental.

Martha Argerich, como madre, fue desastrosa. Su mente siempre estaba centrada en los conciertos y en si misma. Absolutamente todo tenía que girar alrededor de ella. No quiere decir que no quisiera a sus hijas (que se ve que sí, que las adora) y también es una persona muy altruista, pero así como es una brillante pianista, como madre fue un desastre épico. Cuenta esta hija, que ella la acompañaba en sus giras y que el papel de madre lo tenía que asumir ella. Imaginaros la escena: una niña trata a su madre como si fuese su hija!

Los músicos, en particular los clásicos, tienen que luchar todos los días para mantenerse en el «Top ten» de la música clásica. Si ya la carrera en si es dura, no os podéis ni imaginar lo que cuesta mantenerse en activo y con ese renombre. No es fácil. Toda tu vida gira entorno a los ensayos, conciertos, grabaciones, premios… Tu vida pertenece exclusivamente al Piano. ¡Y peor es si eres mujer!  Por eso es comprensible de que ella  no fuese capaz de desarrollar en su totalidad su faceta como madre. Era una niña más en ese aspecto.

«Ser madre y concertista»

Hace unos días me encontré con una conocida, también pianista, que está embarazada. La verdad me sorprendió de que estuviese embarazada, ya que es la típica chica que siempre se dio «aires de gran pianista clásica» (a ver, no me mal interpretéis estas palabras. Quiero decir, que se lo tenía muy creído, lo de ser otra Martha Argerich, que solo le importaba el piano y ser una gran estrella de la música clásica. Aspiraba a ser una gran profesional… y sí, admito que se pasaba un poco asoballando a los demás compañeros con una actitud de superioridad).

Le pregunté qué planes tenía, y le expliqué que cuando nazca su peque, lo del piano va a cambiar muchísimo. Que lo de ensayar y tocar va a ser prácticamente imposible, que su peque necesitará toda su atención.

Me contestó: «Si Clara Schumann fue capaz de tener tantos hijos y seguir con su carrera pianística,…  yo también puedo!«. Ojiplática me quedé, oigan!

(N.B.: Clara Schumann fue otra gran pianista del siglo XIX y esposa del compositor romántico Robert Schumann. Pues esta pianista tuvo ¡¡¡OCHO HIJOS!!! (se nota que de aquella no existía la tele 😛 ) y compaginaba su faceta de concertista con la de madre).

(Menuda clase de historia de la música os estoy dando hoy, eh? jejeje )

Pues eso, anonadada me quedé con esa contestación tan pueril. Básicamente porque Clara Schumann no estaba sola ante todo: tenían un Status social muy elevado, muchas niñeras, … y era una fuera de serie. Tampoco sé si ejerció su maternidad como Argerich, que ese sería otro punto a añadir. Y esta chica, que obviamente no posée ni ese Status social elevado, ni le sobra pasta para contratar a niñeras, es lo que piensa que va a ser su vida a partir del nacimiento del peque.

«Clara Schumann y parte de su prole. Por la cara de niña que tiene aquí, os podéis imaginar que estrenó la maternidad muy jovencita»

«Antepongo mi felicidad»

Desde siempre tuve claro que no iba para gran pianista «interestelar», por más que mis profes en Suiza me insistían. Era consciente de que tendría que sacrificar muchísimas cosas, no tendría vida propia, y no sería feliz. Además, lo pasaba fatal cuando daba recitales … Noooo, no, no… 😉

Lo que sí echo de menos, es componer y grabarme en casa algunos temas míos. Pero creo que esto se soluciona con una cartita a Papá Noel, poniéndole cara de niña buena y pidiéndole un nuevo Macbook con el Logic instalado 😛 (El que tengo, se me cascó… lo regué un día con café… mea culpa! De ésta, el Nano no tiene nada que ver, jejeje).

Ahora soy madre, y me alegro no haber tomado la decisión de ser concertista. Me hubiera perdido esta maravillosa experiencia que se llama maternidad! Adoro ser docente, y prefiero dar los recitales en casa, incluida las peticiones de un melómano refinado y pequeño que me pide continuamente la de «Ratón campeón»!  😉