«Esa leyenda urbana llamada ‘Conciliación'»

Estamos estrenando el mes de febrero y para mi es inevitable no recordar lo que me pasó hace 2 años: tras un año de haber dado a luz y el anterior de martirio, muy malos momentos, la dueña de la academia me despidió tras 6 años «de servicio» de muy mala manera y sin derecho alguno. Hasta entonces, trataba de amargarme la vida para que renunciase yo.

Todo empezó cuando le tuve que comunicar que estaba embarazada. El médico me había mandado de baja por riesgo (una baja que ella nunca me tramitó, y que luego el médico me llamó para echarme una señora bronca diciéndome de que figuraba en la lista negra del Servicio de la Salud).

Como había padres delante, lo festejó en plan muy teatral repartiendo bombones que habían dejado algunos de ellos para repartir entre el profesorado (y ahí vi lo rata que era la tía, se guardaba todos los presentes para ella, incluso los décimos de la lotería de la navidad).

Poco duró esa «euforia» inicial, ya que al día siguiente me comunica que contrató a otra profesora «para quitarme la presión de encima». A partir de ahí, vi que las cosas se estaban poniendo muy raras. Apenas me entraban alumnos, cuando antes nunca me faltaban, trataba de desviar alumnos míos a la nueva profe, me insinuaba de que buscara trabajo en otro sitio. Lo que peor me ponía es que me mintiese continuamente, cuando le pedí en más de una ocasión de que fuera sincera conmigo.

Mis alumnos estaban muy contentos conmigo, y por ellos me enteré de la sucia jugada de quererlos cambiar de profesora a mis espaldas. Por supuesto se negaron, y entre que ella los presionaba y les hacía faenas bien ratas con ellos, me pidieron darles las clases en mi casa. Así fue como durante un año mis alumnos se daban de baja en la academia y venían a mi casa.

Os podéis imaginar qué situación más estresante viví durante el embarazo, y luego en el postparto. Ya tenía una depresión de caballo encima que la situación por la que me hacía pasar ella me hundía más… y sabiéndolo. Parecía que lo disfrutaba, la sádica esta!

Otro gesto feísimo que tuvo fue cuando se murió repentinamente mi madre. No se le ocurre mejor cosa que llamarme en el funeral para preguntarme cuando iba a recuperar las clases.

«El fallo fue mío!»

Sí, amigos. El fallo fue absolutamente mío al haber aceptado ese puesto! Recién licenciada mandé currículums a diestro y siniestro, y ella fue la primera que me llamó.

Recuerdo aún la entrevista. La dueña me daba muy pero que muy mala espina. Pero como ofrecía contrato, acepté. Más tarde me dijo que sería mejor que me mudara aquí y muy a pesar mío lo hice. Nunca me gustó esta ciudad, y tampoco me gusta ahora, pero me mudé.

Los primeros años fueron genial porque apenas se pasaba por la academia. Luego, con la crisis, aparecía más y asustaba literalmente a los alumnos. A un alumno mío de 40 tacos, licenciado en Teleco y padre de gemelos, lo trataba como a un niño de 3 años. Obligaba a los alumnos a tocar las piezas infantiles que ella quería (como aquel «Cancan de los Osos con dibujos muy coloridos y bonitos«, interrumpía las clases cuando escuchaba tocar a un alumno una pieza de Wim Mertens o Einaudi y les gritaba como una loca… . Y me rebajaba ante mis alumnos por utilizar material didáctico que no fuese el de ella (a ver, lo que hacía esta señora era comprar los libros de piano a una tienda de música y luego les subía de precio una barbaridad, tratando de venderlos a mis alumnos. No entendía que el libro que tenía no valía para todos. Que cada alumno, ya sea por su edad como por sus aspiraciones, necesitaba un libro más personalizado, acorde con su perfil. Ah! Y por cierto: NO TENÍA NI PUÑETERA IDEA DE PIANO! Era licenciada en Psicología).

Y lo del contrato… una basura de contrato. No me declaraba todas las horas y se negaba a hacerlo. Luego, las cuentas nunca cuadraban, faltándome siempre dinero. Nos obligaba a dar las clases en negro durante el verano y pobrecito de ti si le decías algo!

Y poco antes de despedirme me metió en el convenio de «Peluqueras»!!! Cuando le pregunté por ese cambio, se puso tremendamente nerviosa y se lío de tal manera que me recordaba a la Cospedal con lo del despido en diferido y no se qué ¿os acordáis? jeje

Ah! Y me confesó que me debía dinero de esa nómina… . Bfff

En la primera semana del 2014, tras darse mi último alumno de baja (viniéndome a casa), me comunica con una sonrisa tremenda de que me despide. Lo primero que me dice es «Tu hijo nada tiene que ver con ésto!!» (¿cómo es eso de Excusatio non petita, accusatio manifesta… ? 😉 ), y luego insultarme, mentirme, gritar como una posesa y amenazarme con que no le diga lo del despido a nadie, que eso le va a crear mala imágen a la academia.

«Aquí y allá»

¿Sabéis lo peor de todo ésto? Que no es solo un caso aislado. Durante ese último año, me presenté a varias pruebas para Escuelas Municipales de Música. En una de ellas, en la parte de la entrevista, un señor del tribunal me pregunta si tenía carga familiar. Me reí y le dije que sí (ya veía por donde iban los tiros). Me dicen que eso me restaría puntuación, que tenía un currículum impresionante, y que mi planteamiento didáctico era muy bueno, pero que no querían a una profesora con hijos. Aún así quedé 3º de los 50 que nos presentamos.

Y en UGT, tras contarles mi caso, dijeron que es horrible que pasen estas cosas. Pero que por desgracia las academias tienen ahí «manga ancha», Es decir, se encuentran con un vacío legal. Por eso pueden hacer todas estas canalladas y más. …This is Spain! Da asco, ¿verdad?

«Cuando se cierra una puerta, otra se abre»

Esta frase siempre me la decía mi madre, y la verdad, tenía mucha razón! Después del despido entré en otra depresión gordísima. Eso sí, ya no tenía esa presión con la academia, pero sí que lo pase fatal durante unos meses. Y de un día para otro, a través de una madre de una alumna, se me abrió otra puerta. Conocí a gente estupendísima y a través de ellos conseguí los puestos que tengo ahora en estas escuelas municipales. Por primera vez estoy contentísima con el Jefe (el dueño de la empresa que tiene la licitación), funciona todo como un reloj, se hacen reuniones trimestrales y se nos tiene en consideración. Hay muy buen ambiente entre los profes y el equipo directivo. Las nóminas y las condiciones funcionan como dios mandan… . En resumen: estoy muy feliz! 🙂

Y la academia…: hace poco me contaron que la dueña despidió a otra profesora, pero ya durante el embarazo. Perdió alumnos, a la recepcionista la despidió y rara es la vez que cuando pasamos por ahí, la academia esté abierta. El octubre pasado me mandó un mail con un documento (de otra persona) para presentarlo en la declaración correspondiente al 2014. Flipé, y le contesté diciendo que no lo necesitaba porque 1) ya la había presentado dentro del plazo establecido y 2) el documento era de otra persona. Me contesta con otro mail de manera desquiciada y fuera de lugar. Me reí un rato, pero no le contesté. Y luego me mandó otro mail a primera hora de la mañana pidiéndome disculpas. Os recuerdo que es licenciada en Psicología, y se autoproclama republicana, partidaria de Podemos y que está a favor del obrero… . Ironías de la vida…

Así que, cada vez que escucho la palabra «conciliación» o «derechos de la madre trabajadora», me entra la risa floja. Adorna muy bien el papel, pero ponerlo en práctica… eso ya es otra cosa! ¿no os parece? 😉

Feliz Febrero, people! 🙂